El Corazón del Evangelio
The Heart of the Gospel
Por Peter Hammon
The Heart of the Gospel
Por Peter Hammon
¿Cuál es el problema con nuestro Mundo?
Prácticamente cada día cada uno de nosotros está enfrentado por la realidad de un mundo que está en rebelión contra su Creador. La profanación del día del Señor, la proliferación de la pornografía, la escalada del crimen y de la violencia, el quiebre de la moral, la legalización del aborto, la ruptura de la familia y la explosión del abuso de menores, nos recuerda que vivimos en una sociedad pecadora que se ha olvidado de Dios.
¿Qué está mal con nuestro Mundo?
El Pecado.
La humanidad está en rebelión contra Dios. ¿Qué está mal con nuestras Iglesias? Muchas veces nos preguntamos que es lo que está mal con nuestras Iglesias. ¿Porqué se ha convertido tan ineficaz la Iglesia? ¿Cómo es posible que tantos cristianos de tantas Iglesias, tengan un efecto tan disminuido en el clima moral de la Sociedad? ¿Podemos decir con honestidad que hemos estado orando y trabajando contra el mal, cuando el mal va en aumento? (Mat 5:18,20, Salmo 94:16). ¿Ha perdido la sal del mundo su sabor? ¿Se está escondiendo la luz del mundo bajo un almud? (Mat. 5:13-16).
Durante los últimos 22 años de haber viajado extensivamente y haber ministrado en 23 países, he tenido el privilegio de haber podido ser testigo, de cómo muchas Iglesias están funcionando como Dios lo desea -- en avivamiento. Después de experimentar la poderosa presencia y bendición de Dios en los avivamientos en Rumania y KwaSizabantu, ha sido muy duro para mí y otros misioneros de Frontline Felloship, volver a encajar en Iglesias poco profundas y a medio corazón en Sud-Africa.
Desde la perspectiva de Iglesias perseguidas, y a la luz de los avivamientos, se puede ver claramente lo que está mal con las Iglesias del occidente. Nuestras Iglesias están desprovistas del temor del Señor. El recogimiento y la adoración reverencial a Dios se echa de menos. Muchas congregaciones les falta un liderazgo espiritual y nunca practican estándares bíblicos de disciplina eclesiástica. Muchos asistentes de las Iglesias se sienten como cristianos, pero piensan como humanistas (cristianos culturales). Ellos creen que tienen corazones cristianos, pero es evidente que tienen mentes humanistas, leyendo más de los diarios que de la Biblia, y viendo más TV que adorando a Cristo.
Como lo que se dice de la Iglesia de La Odisea, es lo que se puede decir de muchos miembros de Iglesias: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, porque eres tibio, y no frío ni caliente, estoy por vomitarte de mi boca. Ya que tú dices: ‘Soy rico; me he enriquecido y no tengo ninguna necesidad’, y no sabes que tú eres desgraciado, miserable, pobre, ciego y desnudo, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado por el fuego para que te hagas rico, y vestiduras blancas para que te vistas y no se descubra la vergüenza de tu desnudez, y colirio para ungir tus ojos para que veas. “Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Sé, pues, celoso y arrepiéntete” Apocalipsis 3:15-19.
La Iglesia es como un bote salvavidas. El bote tiene que estar en el océano salvando los que se mueren. De la misma manera la Iglesia tiene que estar en el mundo salvando a los que se mueren, pero el mundo no debe estar en la Iglesia. La tragedia de la Iglesia moderna al bajar sus estándares para permitir un acceso fácil a los inconversos, es que la Iglesia se ha inundado con el mundo. Es cada vez más difícil poder discernir diferencias substanciales entre las opiniones, estándares morales e incluso conductas de los “cristianos” y los paganos.
Las estadísticas publicadas de crecimiento de las Iglesias y el vasto número de convertidos en cruzadas masivas, son impresionantes. Pero aquellos de nosotros que tratamos con los individuos en las bancas y en la calle, estamos profundamente preocupados. La Iglesia parece que generalmente está creciendo en cantidad. La calidad de los devocionales y de la vida espiritual y estándares morales, parece estar deteriorando más rápido que la forma en que se expande el número en la Iglesia. Es como si las Iglesias se han convertido en inmensas cosechadoras, pero sin cuchillos cortadores: máquinas impresionantes, mucho ruido y actividad - pero muchas veces inefectivas en como manejar la cosecha.
Si el Evangelio es el filo de corte de la Iglesia, por lo que nos tenemos que preguntar: ¿Qué desafiló nuestra prédica del evangelio? ¿Qué está mal con el Evangelio que predicamos?
Al escuchar el promedio de los mensajes del evangelio predicado de nuestros pulpitos, la radio y televisión, es difícil evitar llegar a la conclusión de que la mayoría de los mensajes evangelísticos son centrados en el hombre, basados en emociones, débiles y poco profundos. El “sólo cree evangelio” es barato. Judas vendió a Cristo por 30 monedas de plata. Nosotros lo entregamos por nada. El mensaje “sólo ora esta oración”, es superficial y produce convertidos superficiales. El “fácil credulismo” proclamado muchas veces, es sintético. Es como pan de molde blanco. Todas sus cualidades nutritivas han sido extraídas y aditivos han sido agregados.
Las partes faltantes del mensaje Evangélico
Rara vez se escucha la enseñanza de la naturaleza de Dios, expuesta y explicada. El asumir que nuestra audiencia verdaderamente entiende y aprecia la majestuosidad, la santidad y gloria de nuestro omnipotente, omnisciente, infinito y eterno Dios, es ser presumidos.
El temor de Dios es el principio de la sabiduría (Prov. 9:10). La misericordia de Dios se extiende a los que le temen (Hech. 10:35). El Señor instruye a los que le temen (Salmo 25:12). La base de un servicio efectivo, es el temor al Señor (Josué 24:14). La gran bendición del Señor, está sobre los que le temen (Salmo 31:19). Ahora, cuantas veces escuchamos proclamar estas grandes verdades?
“La ley de Jehová es perfecta; restaura el alma” (Salmo 19:7) y ...” Porque por las obras de la ley nadie será justificado delante de él; pues por medio de la ley viene el reconocimiento del pecado” (Rom. 3:20). Ahora, cuantas veces proclamamos la Ley de Dios?
Martín Luther declaró: “La primera tarea de un predicador del Evangelio, es declarar la Ley de Dios y mostrar la naturaleza del pecado”.
John Bunyan dijo: “El hombre que no conoce la naturaleza de la Ley, no puede saber la naturaleza del pecado”.
John Wesley sugirió que los evangelistas debieran predicar 90% de la Ley y 10% de la Gracia.
Charles Finney escribió: “Si no usamos la Ley, con seguridad resultara en falsa esperanza, la introducción de un falso estándar de la experiencia cristiana, y de llenar la Iglesia con falsos convertidos”.
Charles Spurgeon declaró: “Ellos nunca aceptarán la Gracia, hasta que no tiemblen ante un justo y santo Dios”.
Como le enseñó nuestro Señor: ““No penséis que he venido para abrogar la Ley o los Profetas. No he venido para abrogar, sino para cumplir. De cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni siquiera una jota ni una tilde pasará de la ley hasta que todo haya sido cumplido. “Por lo tanto, cualquiera que quebranta el más pequeño de estos mandamientos y así enseña a los hombres, será considerado el más pequeño en el reino de los cielos. Pero cualquiera que los cumple y los enseña, éste será considerado grande en el reino de los cielos” (Mat. 5:17-19).
Similar, la ira de Dios, la doctrina del juicio eterno y la realidad del infierno, se les da escasa atención en la mayoría de los sermones modernos. “¿Quién entregó a Jacob al saqueador, y a Israel a los despojadores? ¿Acaso no fue Jehová, contra quien hemos pecado? Ellos no quisieron andar en sus caminos, ni obedecieron su ley. Por tanto, Dios derramó sobre él el furor de su ira ...... “ (Isaías 42:24,25ª).
“Pero yo os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que, después de haber dado muerte, tiene poder de echar en el infierno. Sí, os digo: A éste temed” (Luc. 12:5).
“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que desobedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él” (Juan 36).
“Pues la ira de Dios se manifiesta desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que con injusticia detienen la verdad” (Rom 1:18).
Incluso el corazón del mensaje evangélico -- la redención lograda por la sangre de la expiación de Cristo en la cruz, sorpresivamente se le da poco énfasis en la mayoría de los mensajes modernos. “ pues según la ley casi todo es purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón” (Heb. 9:22).
“Como demostración de su justicia, Dios le ha puesto a él como expiación por la fe en su sangre, a causa del perdón de los pecados pasados, en la paciencia de Dios” (Rom. 3:25).
Las Escrituras declaran que: “......y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7).
¿Pero, cuantas veces proclamamos este mensaje?
Además en forma conspicua, está la ausencia del énfasis bíblico y entendimiento del arrepentimiento. He escuchado a prominentes evangelistas decir que “ el arrepentimiento es simplemente pedir perdón”.
En contraste, la Biblia enfatiza tres aspectos del arrepentimiento: Convicción un cambio de mente, Constricción un cambio de corazón, y Conversión un cambio de vida.
“Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos. Vuélvase a Jehová, quien tendrá de él misericordia; y a nuestro Dios, quien será amplio en perdonar” (Isaías 55:7).
No es suficiente confesar nuestros pecados, también tenemos que rechazar el pecado mentalmente, detestarlo, odiarlo y abandonarlo. Arrepentimiento involucra un cambio de hábitos, un cambio en lo que se cree y un cambio en el comportamiento.
Añadiduras no bíblicas al Evangelio
En lugar del mensaje bíblico de la santidad de Dios, la pecaminosidad del hombre, la Ley de Dios, la ira de Dios y el juicio eterno, la necesidad de arrepentimiento de los pecados y fe en la redención por la sangre de Jesucristo, muchos han sustituido con una serie de innovaciones no bíblicas:
En ninguna parte de la Biblia vas a encontrar un ejemplo de un evangelista, apóstol o discípulo usando alguna de las siguientes técnicas o frases populares.
“Dios te ama y tiene un plan maravilloso para tu vida”. En cambio las Escrituras dicen claramente que Dios esta muy enojado con los que se rehúsan a obedecer y la eternidad en el infierno es su plan para los que no se arrepienten.
“Acepta a Jesús como tu Salvador personal”. “Aceptar” es una palabra débil y no es usada en ningún contexto evangelístico. Porque no usamos palabras poderosas que se usan en la Biblia? Ejm. Por eso, aunque antes Dios pasó por alto los tiempos de la ignorancia, en este tiempo manda a todos los hombres, en todos los lugares, que se arrepientan” (Hech. 17:30). Un llamado a someterse a Cristo o a rendir nuestras vidas a él como Señor y Salvador, sería más bíblico que un pedido débil “acepta a Jesús”.
“Sólo tu puedes abrir la puerta de tu corazón. Jesús está parado tocando a la puerta de tu corazón. Él es un caballero y entrará sólo si lo invitas. La manilla está por dentro. Sólo tu puedes dejarlo entrar”. Esta imaginativa súplica emocional ignora la soberanía de Dios. En el caso de la conversión de Saulo en el camino a Damasco, parece mas bien que Dios echó abajo la puerta si pedir permiso a Saulo. En ninguna parte de la Biblia encontraremos un solo incidente de un evangelista o discípulo usando imaginación tal para describir la conversión. A través del Evangelio y el libro de los Hechos, somos desafiados a venir a Cristo y buscar entrar en su casa. O se espera que creamos que las cosas han cambiado tanto, que ahora Cristo viene y nos pide a nosotros que le permitamos la entrada.
Talvez este concepto deriva de Apocalipsis 3:20. Sin embargo ese versículo es parte de una carta que Jesús le envía a la Iglesia de La Odisea. Lejos de ser un mensaje evangelístico, es un severo llamado de atención a una Iglesia tibia: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, porque eres tibio, y no frío ni caliente, estoy por vomitarte de mi boca. Ya que tú dices: ‘Soy rico; me he enriquecido y no tengo ninguna necesidad’, y no sabes que tú eres desgraciado, miserable, pobre, ciego y desnudo, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado por el fuego para que te hagas rico, y vestiduras blancas para que te vistas y no se descubra la vergüenza de tu desnudez, y colirio para ungir tus ojos para que veas. “Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Sé, pues, celoso y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:15-20).
Es trágico que parte de esta carta escrita para advertir a la Iglesia del peligro de ser tibio, mundanos y sin compromiso, haya sido usada (abusada) para producir convertidos tibios semi-salvos. Si sólo el completo contexto de este pasaje fuese usado tantas veces como se hace con el versículo 20. O es que palabras bíblicas fuertes como “reprende”, “disciplina”, “serios” y “arrepentimiento” son inaceptables en congregaciones de hoy?
Similar las frases insípidas “Sólo cree” y “Sólo ora esta oración” no son bíblicas. Ciertamente debemos creer -- pero es toda la Biblia, la que debemos estudiar, creer, obedecer, proclamar y aplicar. Tenemos que orar, pero tenemos que hacer mucho más que “sólo orar”. La Gran Comisión de nuestro Señor Jesucristo nos manda: Haced discípulos ...., enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado”. Colocar un “sólo” delante de cualquiera de los mandamientos de las Escrituras, es devaluar todos los demás requerimientos importantes.
Junto con estas frases, hemos aceptado varios slogans inadecuados para transmitir mensajes aparentemente cristianos, como: “Cristianos no son perfectos - sólo perdonados” Si bien es cierto que somos perdonados y no somos perfectos, la inserción de “sólo” convierte este slogan en una media verdad. ¿Somos sólo perdonados? ¿No somos también regenerados, así como redimidos? ¿Y qué pasa con la santificación? Si no hemos notado una evidente transformación en nuestras creencias, estándares morales, manera de vivir, conducta y comportamiento, entonces es dudoso que seamos perdonados (Gálatas 5:19-25).
El Evangelio de acuerdo a nuestro Señor Jesucristo
Los ejemplos grabados de cómo nuestro Señor aconsejó a individuos para la salvación, se ven con un marcado contraste con nuestros modernos mensajes y métodos.
El joven rico fue serio. Él no levantó meramente su mano mientras todos mantenían sus ojos cerrados y su cabeza agachada. Él no caminó al púlpito en respuesta a un llamado apasionado. NO, mientras cada ojo estaba abierto y toda cabeza erguida, él corrió a Cristo. En vez de repetir una oración dictada, cayó de rodillas ante Cristo y clamó “Que haré para tener vida eterna?” (Marcos 10:17).
¿Cuál fue la respuesta de nuestro Señor? Dijo: “Sólo tienes que creer” o “ Sólo has esta oración”? Le dijo que Dios lo amaba y tenía un maravilloso plan para su vida? NO, Jesús lo reprochó: ¿Porqué me llamas bueno? Sólo hay uno bueno....” Nuestro Señor comenzó con la naturaleza del Dios y la del hombre. Sólo Dios es santo. Todos los hombres son pecadores.
Tu te puedes preguntar porqué Cristo lo reprochó. De seguro, Jesús es Dios. ¿Si, pero sabía el joven rico eso? ¿Estaba meramente tratando de impresionar a los hombres, o sabía con quién estaba hablando?
Luego nuestro Señor le recordó los diez mandamientos. “Conoces los mandamientos. No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre.”
Muchos se preguntarán que tiene que ver la Ley con la vida eterna. La Escrituras declara que: “La Ley es nuestro tutor, para llevarnos a Cristo, para que seamos justificado por la fé” (Gal. 3:24).
Decirle a las personas que Jesús es la respuesta antes de que hagan la pregunta, no es de gran ayuda. Ningún profesor entrega la hoja con las respuestas antes del examen. Declarar que “Jesús salva” a personas que no están concientes de la necesidad de ser salvados, es inefectivo. Mientras las personas no conozcan las “malas noticias” del infierno, no están listas para recibir las “buenas noticias” del cielo. Mientras nuestros oyentes no aprecien las implicaciones eternas de la Santidad de Dios y la depravación del hombre, la santa Ley de Dios y el juicio eterno -- no están listos para recibir el glorioso mensaje de la redención por medio del sacrificio de Jesucristo.
Para decirlo más francamente: “Hasta que entendamos que somos malvados pecadores, perdidos y condenados a una eternidad en el infierno, no estaremos preparados para apreciar verdaderamente el mensaje de: “arrepentimiento y perdón de pecados”.
Increíblemente el joven rico declaró que había obedecido todos esos man damientos. Sin duda que era un extraordinario individuo. Moralmente honrado y un devoto religioso -- pero le faltaba conciencia de pecaminosidad. El mayor error es estar conciente de no-tener pecado.
Entonces nuestro Señor le dice: “Una cosa té falta: Anda, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres; y tendrás tesoro en el cielo. Y ven; sígueme” (Mar. 10:21). Algunos dicen que el Señor le estaba exigiendo varias cosas, pero en realidad era sólo una cosa: Arrepentimiento.
Nuestro Señor había destacado el primer mandamiento “No tendrás otros dioses ante mí” y el último “no codiciarás”. El joven rico aparentemente había convertido las riquezas en un ídolo. Sus riquezas eran más importantes que su obediencia a Dios.
Los diez mandamientos tratan con nuestra relación con Dios, nuestros padres y demás personas. Tratan con Dios, adoración, palabra, tiempo, autoridad, vida, amor, propiedad, verdad y conciencia. Prohíben politeísmo, idolatría, profanidad, profanación del día santo, deshonra a los padres, asesinato, adulterio, robo, injuria y codicia. Al estudiar la Ley de Dios, nos damos cuenta lo mucho que nos falta.
El mensaje para aquellos que reconocen su transgresión es de arrepentimiento y fe. Y así como fe sin arrepentimiento es una falsa fe, así arrepentimiento sin fe es un arrepentimiento falso.
Cuando escuchamos lo que nuestro Señor pide: “el joven se puso triste y se fue”. En vez de correr tras él y disminuir las exigencias, el Señor le dijo a sus discípulos: “¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Los discípulos se asombraron por sus palabras; pero Jesús, respondiendo de nuevo, les dijo: — Hijitos, ¡cuán difícil es entrar en el reino de Dios!” (Mar. 10:23-24).
Cuantas veces no decimos que es fácil ser salvo. Sin embargo nuestro Señor no bajó su estándar. En cambio nos enseñó que será difícil entrar en el reino de Dios. No sólo difícil para los ricos, sino que para todos!
Pero ellos quedaron aun más atónitos diciendo entre sí: — ¿Y quién podrá ser salvo? Entonces Jesús, mirándolos, les dijo: — Para los hombres es imposible; pero no para Dios.” (Mar. 10:26,27).
Entendemos lo que esto implica? Toda la humanidad está perdida y nadie se puede salvar a sí mismo. Tampoco lo puede hacer ningún Pastor, evangelista o denominación. Ninguna cantidad de sacramentos, oración, canto o prédica puede salvar a alguna persona. Elocuencia no lo puede hacer, ni alguna técnica emocional o una atmósfera cargada.
“Para los hombres es imposible; pero no para Dios. Porque para Dios todas las cosas son posibles” (Mar. 10:27). Una ilustración bíblica de una conversión se encuentra en Juan 11, cuando Jesús se paró frente a la tumba y llamó: “Lázaro, ven fuera” ahora Lázaro había estado muerto por 4 días. ¿Es razonable llamar a un cadáver en descomposición a que responda? Sin embargo eso es lo que es la evangelización. Fuera de Cristo estamos muertos en nuestras trasgresiones y pecados (Efe. 2:1). Fe es un don de Dios (Efe. 2:8). Y la fe viene del oír la Palabra de Dios (Rom. 10:17). El Evangelio es poder de Dios, para todo aquel que cree (Rom. 1:16).
Sólo la Palabra de Dios puede salvar.
¿Por lo tanto, porqué sustraer de esta poderosa Palabra de vida? ¿Y porqué creemos que podemos añadir algo de valor? Jesús luego enfatizó la necesidad de sacrificio y la resistencia en las persecuciones. Finalmente Él prometió bendiciones, recompensas y vida eterna para aquellos que obedecen a sus mandatos (Mar. 10:28-31).
Este es el audaz y balanceado Evangelio de Cristo: Dios es un Dios Santo y sus estándares justos se ven en la Ley. El hombre es pecador y tiene que arrepentirse de su maldad y confiar en Cristo. Este arrepentimiento y fe, debe ser evidente en la obediencia a Cristo, dispuesto a sacrificarse y sufrir persecución. Para aquellos que hacen esto, Él les prometió bendiciones, recompensas y vida eterna.
En vez de ofrecer un mensaje débil, diluido, centrado en el hombre de “cree y recibe”, debemos fielmente proclamar un mensaje Cristo céntrico, basado en la Biblia y guiado por el Espíritu Santo, de “arrepentimiento y obediencia”. En vez de hacer convertidos, necesitamos: “hacer discípulos ......enseñándoles que obedezcan todo lo que les he mandado” (Mat. 28:19-20).
Es este el mensaje que trata con el corazón de la materia. Cualquier otra cosa, sería tan inadecuada como poner un parche sobre cáncer. Sin embargo, la fiel proclamación del Evangelio de Cristo, resultará en una purgada, purificada y poderosa Iglesia -- preparada para honrar y obedecer a Cristo en todas las áreas de la vida.
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