La “Verdad” que
conocemos a medias
conocemos a medias
De todas las preguntas que te puedes hacer en la vida, probablemente la más importante es: “¿Soy lo suficientemente bueno para ir al Cielo?” La manera de averiguar eso, es si te preguntas: “¿He cumplido los diez mandamientos? La mayoría responden: “Talvez he quebrado uno o dos, pero nada serio, como asesinato, etc.” Veamos, haz una pasada y ve como te va. Recuerda, estas sólo/a tu y Dios, así es que se honesto/a contigo mismo/a, ya que Dios ya sabe las respuestas.
1. “No tendrás otros dioses delante de mí”.
¿Está Dios primero en tu vida? ¿Amas a Dios por sobre todas las cosas?
Varios años atrás compré un televisor para mis hijos, pero la primera noche que lo tuvimos, llegué a la casa y me encontré con que no se molestaron en saludarme. Estaban muy ocupados viendo el televisor. Lo apagué y les expliqué que si me ignoraban porque estaban mirando la televisión, ellos estaban amando al regalo y no al que lo regaló, una forma equivocada de afecto. De la misma manera, si amamos cualquier cosa: esposo o esposa, hijos o incluso a nuestras propias vidas, más de lo que amamos a Dios, estamos colocando nuestro amor en el regalo y no en el dador, lo que se traduce en la trasgresión del primer y más importante de los mandamientos. De hecho la Biblia dice que debiéramos amar a Dios de tal manera, que el amor por nuestros padres y hermanos, debiera parecerse a despecho en comparación al amor que tenemos por Dios, quién fue el que nos dio a nuestros seres queridos.
También se nos manda amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Jesús habló de un samaritano que ayudó a un extraño. Ese es el cuadro de cómo Dios espera que nosotros amemos a nuestro prójimo. Los debemos amar como a nosotros mismos, da lo mismo si son amigos o desconocidos.
¿Has amado a Dios por sobre todas las cosas, con todo tu corazón, con toda tu mente, con toda tu alma? Se tú el juez. ¿Vas a ser inocente o culpable el día del Juicio Final de quebrantar este mandamiento? Yo no te estoy juzgando – te estoy pidiendo que te juzgues a ti mismo antes del día del Juicio Final. La sen-tencia por quebrar este mandamiento, es muerte.
2. “No levantarás imagines talladas para ti”
Esto significa que no debemos crear “dioses” que se ajusten a nuestras necesidades, ya sea con nuestras manos o nuestras mentes. La idolatría es aborrecida por Dios. Idolatrar no sólo se da a figuras, sino a objetos, personas, animales, hobbies, deportes, trabajo, familiares, ideologías, arte, incluso a uno mismo. Cualquier cosa que se ponga antes de Dios es objeto de idolatría. ¿Es tu Dios el revelado en las Santas Escrituras? Si no es así, entonces has creado tu propio dios para tus nece-sidades, según tus sentimientos, para satisfacer tus deseos habrás cometido el más antiguo pecado en el Libro. Las Escrituras advierten que ningún idólatra entrará en el Reino de los Cielos.
3. “No tomarás el Nombre de tu Dios en vano”
Has usado el nombre de Dios cuando estas reclamando o enojado (“por D..., o D… mío, santo D…”). Estoy seguro que nunca has usado el nombre Hitler para insultar a alguien o expresar molestia. Esto se llama blasfemar, los que lo hacen, no entraran en el Reino de los Cielos.
4. “Guardarás el Séptimo día Santo para el Señor”
Seis días a la semana me da Dios para dedicarme a lo que necesito hacer, y sólo me pide uno para consagrarme totalmente a Él. Nunca le di la importancia que tenía, por muchos años lo ignoré, a pesar de todo lo que Él me daba y amaba. Yo había quebrantado este mandamiento.
5. “Honra a tu Padre y a tu Madre”
¿Has honrado siempre a tus padres de la manera que le es agradable a Dios? Pídele que te recuerde de tu juventud, cuantas veces les desobedeciste. Cuantas veces te tuvieron que castigar. Cuantas veces te quejaste contra ellos. Tu talvez lo has olvidado, pero Dios no.
6. “No matarás”
Jesús nos advirtió que si nos airábamos (enojábamos) sin causa, podríamos caer en el peligro de ser juzgados. Si odiamos a nuestro hermano, Dios dice que somos asesinos. ¿Has odiado a alguien alguna vez? Has dicho alguna vez: “ Te odio, la odio, lo odio”? Podemos violar este mandamiento de hecho y en pensamiento.
7. “No cometerás adulterio”
¿Quién de nosotros puede decir que es puro de corazón? Jesús dijo: “Uds. han escuchado decir en el pasado ‘No cometerás adulterio’, pero yo les digo, que el que mira a una mujer con lujuria (deseándola), ha cometido adulterio en su corazón” Recuerda que Dios conoce todos tu pensamientos y todos tus pecados. El día vendrá en que tu tendrás que enfrentar su Ley, y se nos dice que los impuros, fornicadotes (los que tienen sexo antes del matrimonio), los adúlteros, no entrarán en el Reino de Dios. El castigo para esta trasgresión es la pena de muerte.
8. “No robarás”
Has tomado algo que pertenecía a otra persona, indiferente del valor del objeto? Entonces tienes que admitir que eres un ladrón. No podrás entrar en el Reino de Dios.
9. “No darás testimonio falso”
¿Has mentido alguna ves? Entonces eres un mentiroso. ¿Cuantas mentiras tienes que contar para con-vertirte en un mentiroso? Una sola. La Biblia dice que todos los mentirosos serán arrojados al lago de fuego. tú talvez no creas que el engaño sea algo tan grave, pero Dios sí.
10. “No codiciarás”
Eso significa que no desearás nada que le pertenezca a otra persona, o que no estarás celoso de lo que otro tenga, o que no te enojarás cuando a otro le vaya mejor, o que no sentirás envidia en tu corazón. Por si acaso, esto sucede en nuestro corazón. Los codiciadores no heredarán el Reino de Dios.
¿CULPABLE o INOCENTE ?
Sólo como comentario, aquí es cuando muchos dicen: “No sé, pero yo le doy gracias a Dios por todo, voy a misa, ayudo a los pobres, hago lo posible por hacer lo correcto”. Con todo respeto, eso no te llevará al cielo.
¿Quién de nosotros puede decir que no ha quebrantado todos estos Manda-mientos en algún momento en la vida? Yo los quebranté repetidas veces. Todos hemos pecado, y al igual que con las leyes civiles, no tienes que quebrar diez leyes para ser culpable. Por esto la Biblia nos advierte: “Aunque alguien guarde toda la Ley, y sólo quebranta un mandamiento, es culpable de todos”.
Has escuchado decir: “Pero yo no he matado, ni violado, ni asaltado a nadie. No soy tan malo”. Escucha: “Una niña estaba observando una oveja comiendo pasto, y pensó que se veía tan blanca y pura en los bellos prados verdes. De pronto comenzó a nevar. Entonces la niña vio a la misma oveja y pensó que sucia se ve la oveja. Era la misma oveja, pero con un fondo distinto. Cuando nos comparamos con los estándares huma-nos, nos vemos bastante limpios, pero cuando lo hacemos con la blancura de la justicia de Dios – su Ley (10 man-damientos), nos podemos ver tal como somos, muy sucios en la mirada de Dios. Esa Ley (los diez mandamientos), es el Santo estándar por el cual seremos juzgados en el día del Juicio Final. Da lo mismo lo que tú creas o pienses. Dios lo estableció así y nadie lo va a cambiar.
Esto talvez te suene algo extraño, pero lo peor que puedes hacer a este punto, es tratar de limpiar tu estilo de vida tu te diste cuenta que has pecado, por lo que de ahora en adelante: “Yo cumpliré los diez mandamientos. Haré buenas obras, diré lo correcto y pensaré pensamientos puros”. ¿Pero debiera un Juez liberar un culpable, porque le promete vivir una vida pura? No. El culpable tiene una deuda con la sociedad, y por lo tanto tiene que pagar su deuda. ¿Estás de acuerdo?
Ahora, la Ley de Dios es meramente como un espejo, todo lo que un espejo hace es mostrarnos la verdad. Lo que ves en el espejo no es muy agradable, pero si no aceptas que estas sucio, entonces toda esa suciedad será presentada en el día del Juicio como evidencia en tu contra, y entonces será demasiado tarde para que trates de hacer cambios.
Talvez tu pensarás que Dios es bueno y que por eso no se fijará en tus pecados. Pero si tu fueses culpable de crímenes en una corte civil, y le dijeras al juez: “Su Señoría, soy culpable, pero Ud. es un buen hombre, podría hacer una Excep-ción?”, el juez probablemente respondería. “Estas en lo correcto en una cosa, soy un buen hombre, y es por mi bondad que me aseguraré que se haga justicia, que seas castigado por tus crímenes”. Eso, que muchos esperan que los salve en el día del Juicio Final, “el amor de Dios”, será lo que los va a condenar. Tu dirás: “Dios es amor, es bueno. Él conoce nuestra condición humana. Él perdona los pecados”. ¿Esa explicación se ajusta sólo a ti o a todos por igual? Si es a todos por igual, entonces Hitler, el violador de niñas, los terroristas, etc., también se irán al cielo. ¿Crees que eso es justo? Dios es justo, muy justo, y es por eso que va a sancionar a los ladrones, asesinos, mentirosos, violadores, adúlteros, blasfemos, los que no honraron a sus padres, a los que adoraron a otros dioses o imágenes, a los que no obedecieron a sus mandamientos, etc., y el Infierno será su triste destino. A todos los que no lo amaron a Él por sobre todas las cosas.
Tu entonces me dirás: “Por lo que veo todos nos vamos al infierno”. Correcto, todos debiéramos ir al infierno. ¡Pero! Es aquí donde entra el amor de Dios. Hay una esperanza para este juicio inevitable. Dios proveyó la solución. Él en persona lo hizo. No lo hizo por medio de otro. Él se encarnó como un humano en Jesús. ¿Para qué? Para pagar la multa tuya y mía. Para que no fuésemos a la cárcel / Infierno. Él vino a morir por nosotros en una cruz. Pagó por nuestra mal-dad, y sufrió por ti por mi y todos. Resu-citó venciendo a la muerte para que tengamos la oportunidad de no ir al infierno
Tu pensarás: “Entonces me voy al cielo”. No tan rápido. Tu tienes que obedecerle. Dios indicó, que nos tenemos que arrepentir y creer en Él. Arrepentir significa un giro en 180° grados. Tu hasta hoy hacías lo que el mundo te había enseñado o lo que tu mente te indicaba. Ahora tienes que hacer lo que Jesús nos vino a enseñar. La dirección opuesta. Tu dirás: “Pero eso no lo puedo hacer” Tienes toda la razón. Obedecer a Jesús es una tarea imposible. Por eso Él dijo que “no hay uno bueno”, que “todos pecaron”. Entonces, primero tienes que arrepentirte con toda honestidad. Entender de todo corazón que has pecado contra Dios. Mucho peor que si hubieses pecado contra tu propia madre. Es como si toda la vida le hubieses estado escupiendo en la cara, burlándote de Él, tratando de engañarlo. A Dios, que te dio todo lo que tu tanto amas y adoras, todo eso que tanto te gusta y hace feliz. A Dios que murió por ti antes, mucho antes que tu siquiera nacieras. Por favor no hagas el loco tratando de arrepentirte livianamente. Tu serás el único engañado, y el día del juicio final, sufrirás las consecuencias al igual que todos aquellos a los que Jesús se refirió cuando dijo: “En el día del Juicio, muchos vendrán a mí diciendo, Señor, Señor, en tu nombre hicimos milagros..., y yo les diré, alejaos de mi hacedores de maldad, nunca los he conocido”. ¿Te imaginas la desilusión de esos hipócritas? Por eso más vale que te arrepientas muy bien (sin pretender).
Creer en Jesús, es la segunda condición que Él exige. Poner tú fe en Jesús, significa que uno le cree a Él. El otro creer, es el creer cómodo, donde creo en Dios y “lo hago a mi manera”. ¿Has escuchado decir: “Yo creo en Dios a mi manera”? Muchos creen en Dios así, incluso Satanás y los demonios. En cambio creerle a Dios es otra cosa. Eso es lo que diferencia a un cristiano verda-dero, de aquellos que creen ser uno sólo porque alguien les dijo que lo son.
Cuando uno le cree a Jesús, es cuando hace lo que Él manda. Cuando uno obedece a sus mandamientos. Cuando uno lo sigue y adora por sobre todas las cosas. Cuando uno vive para contarle a los demás que Él es Señor y Rey. Cuando uno lee su palabra (la Biblia) con sed espiritual. Cuando uno lleva mucho fruto. ¿Haces tu todas estas cosas? Entonces, ¿crees tu que eres un Cristiano? Comienza por arrepentirte y cree en Jesucristo. Así comenzará Jesús a obrar en tu vida. Si tú das ese paso con absoluta, sincera, certera, verdadera y muy honesta reverencia ante Dios, Él hará el resto. Todo eso que es imposible para nosotros.
Antes de terminar, quiero dejar en claro, que lo anterior no significa que ahora vendrán tiempos de abundancia, que se acabarán los problemas, que te vas a mejorar, que volverás a tener trabajo, que no sufrirás nunca más. Es importante entender que Jesús dijo: “Por mí causa tendréis aflicción, persecución, tribulación”. Será muy difícil, pero con una dife-rencia, una gran diferencia, una inmensa diferencia (creo que te quedó claro), que Él es-tará ahí contigo en todo momento, cuidándote y dándote las fuerzas para que apruebes el examen con un 7. Él lo pro-metió (acuérdate, tienes que creerle a Jesús).
Por lo tanto, hay dos caminos. Al cielo o al infierno. Eso es todo. Ahora tu lo sabe, aunque aún no lo creas. Tú eres el que decide. Pero el día del Juicio Final no podrás decir que no lo sabías. Hazte un favor, hazle caso a Dios y a nadie mas, ni a ti mismo. Comienza por arrepentirte de verdad, pídele perdón a Dios de rodillas, pon tu fe en Jesucristo de todo corazón, ora pidiéndole a Jesús que sea tu Señor y Salvador, y luego lee el Evangelio de Juan. “Esfuérzate y se valiente”, dice el Señor.
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