viernes, 23 de enero de 2009

Reformando nuestras Iglesias

REFORMING OUR CHURCHES

By Peter Hammond


“Estamos en peligro de olvidar verdades por las cuales generaciones previas dieron su vida” Obispo Stephen Bradley

Están nuestras Iglesias cambiando al mundo, o está el mundo cambiando a nuestras Iglesias? Si Martín Luther, John Calvin, R.C. Ryle, D.L. Moody or Charles Spurgeon entraran a nuestros cultos un Domingo en la mañana, qué es lo que pensarían? Estarían choqueados por la vestimenta que se usa? Serían capaces de reconocer alguno de los grandes Himnos de fe, o se han apoderado las baterías y grandes coros de nuestras congregaciones?

¿Qué pensarían de la prédica? ¿Es expuesta fielmente la Palabra de Dios? O se ha apoderado el existencialismo y anti nominalismo? ¿Escucharían la fe pronunciada a los Santos, o una Gracia barata y un credulísimo fácil? ¿Encontrarían adoración o mundanead? Espiritualidad o sensacionalismo? Educación o entretención? Encontrarían una congregación o una audiencia?

Si alguno de estos creyentes del siglo 19 visitara nuestras Iglesias, nos encontrarían orando o jugando?

Hace un siglo el general Booth del Ejercito de Salvación advirtió, que vendría un tiempo, en que las Iglesias predicarán un Salvador sin cruz, salvación sin arrepentimiento, cielo sin infierno, y cristiandad sin santidad.

Cuando un buen amigo que sobrevivió una severa persecución detrás de la cortina de hierro en Rumania, visitó Sud-Africa, le pregunté que es lo que él pensaba de nuestras Iglesias. Curiosamente me respondió que teníamos muchos programas, pero que no veía mucho poder. Este mismo hermano comentaba que en Europa Oriental, ellos no contaban a los miembros por aquellos que atendían el culto del Domingo en la mañana, sino por aquellos que venía a los estudios bíblicos y a las reuniones de oración. Según esta contabilidad, muchas de nuestras grandes Iglesias tienen pocos que calificarían como miembros verdaderos.

Amigos de Sudán y Europa Oriental, han expresado su impresión, de cuantos “hombres” en las congregaciones occidentales tienen cabellos largos, moños y aros. También expresaron su espanto con respecto a la vestimenta, o la falta de vestimenta de las mujeres, incluso usando aros en el ombligo y la nariz que está asociados al paganismo. Desde la perspectiva de muchos misioneros y cristianos perseguidos, a un importante porcentaje, las Iglesias occidentales, les parecen poco profundas, superficiales, egocéntricas y materialisticas.

Muchos Pastores me han comentado su frustración respecto a una general falta de compromiso evidente de muchos miembros de sus Iglesias. Muchos de los que atienden a las Iglesias de hoy, parecen menos comprometidos, mas distraídos y menos responsables. En vez de responsabilidad y compromiso, la migración es mucho más común. Muchos cristianos parecen no tener dirección y vagando, más comprometidos con la lectura del diario todos los días en vez de la Biblia, y más dedicados a mirar la televisión que estar testificando de Cristo y ganando a otros para Jesús.

Muchos Pastores me han comentado recientemente su frustración respecto a una apatía general y un letargo en sus congregaciones, especialmente en referencia a las misiones. Estamos de acuerdo que las misiones son un rebalse de adoración. Bíblicamente la primera prioridad de la Iglesia, es la adoración. Misiones existen pero que no todos adoran. La Gran Comisión debe ser nuestra suprema ambición, porque nuestro Gran Dios y amado Salvador, se merece todo el honor, gloria y adoración. Una Iglesia que está verdaderamente adorando al Señor, estará involucrada en misiones. Cuando una congregación es apática y descorazonada con respecto de las misiones, es un síntoma que es tibia en su adoración.

Bíblicamente, la Iglesia es el cuerpo de Cristo (1Cor. 12:27), y Cristo es la cabeza (Efes. 5:23, Colo. 1:18). La Iglesia se compara con un edificio (1Cor. 3:9, 16) y Cristo es ambos, la piedra angular y el constructor (Efes. 2:19,20 y Mat. 16:18). La Iglesia es la novia (Apo. 21:2) y Cristo el Novio (Juan 3:29). La Iglesia son las ramas y Cristo la Vid (Juan 15:5). La Iglesia son las ovejas y Cristo su buen Pastor (Luc. 12:32 y Juan 10:11).

La Iglesia debe ser “casa de oración para todas las naciones”, el cuerpo y novia de Cristo, templo de adoración, “haciendo discípulos, enseñando obediencia”.

La Iglesia ha de cambiar vidas, fortaleciendo la familia, transformando las comunidades. La Iglesia debe ser la sal de la tierra y la luz del mundo, un testigo para la comunidad, auto financiada, auto gobernada y auto propagada. Toda la Iglesia llevando todo el Evangelio a todo el Mundo.

“Cada uno gane a uno, cada uno traiga a uno”.

Para que una Iglesia realice su misión, necesita estar involucrada en la evangelización y discipulazo, predicación y enseñanza, nutrición y adoración, oración y compañerismo. Miembros tienen que estar comprometidos con su congregación local y ser responsables con su liderazgo. Esto requiere del diezmo a su Iglesia local, participación en los estudios bíblicos y reuniones de oración, así como de la adoración el domingo en la mañana.

En orden de hacer lo más posible de nuestra Iglesia local, y priorizar, necesitamos proteger nuestro domingo como un día de descanso y adoración, y rechazar la televisión, el diario y la música del mundo, como distracción mundana y una perdida de tiempo.

Los varios sacramentos y ordenanzas de la Iglesia, son una parte importante de la misión y testimonio de la Iglesia: bautizos de testimonio del señorío de Cristo en todos los aspectos de la vida, la cena del Señor ilustrando la redención de Cristo, el servicio de matrimonio que apunta a la familia como la piedra fundamental de la sociedad, y funerales enfatizando la importancia de estar preparados para la eternidad y el día del Juicio Final, porque escrito está: “Entonces, tal como está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después el juicio” (Heb. 9:27).

Las calificaciones de los líderes de la Iglesia se mencionan claramente en Hechos 6:2-6; 1Tim. 3:1-13 y Tito 1:6-16. Necesitamos examinar cuidadosamente nuestras vidas a la luz de estos versículos.

Hay una necesidad urgente de reformar nuestras Iglesias, de alinear todos los aspectos de nuestras vidas privadas y congregacionales, con la Palabra de Dios. No podemos dejar que la Gran Comisión sea “la gran omisión” en nuestras Iglesias locales. Las misiones son el flujo de vida de la Iglesia. Existimos para ser una casa de oración para todas las naciones, haciendo discípulos, enseñándoles obediencia a todas las cosas que nos mandó el Señor. El último mandamiento del Señor, debe ser nuestra primera preocupación. No podemos darnos el lujo de ser ignorantes de nuestra historia, o ser selectivo en el uso de las Escrituras. “Así que, los doce convocaron a la multitud de los discípulos y dijeron: — No conviene que nosotros descuidemos la palabra de Dios para servir a las mesas. Y nosotros continuaremos en la oración y en el ministerio de la palabra.(Hech. 6:2,4)

Necesitamos ser “llenos de Fe y del Espíritu Santo”

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