Deber cristiano
en una cultura Pagan
por Juan MacArthur
Hace mas de un cuarto de siglo, el apologista y pensador cristiano Francis Schaeffer hizo la siguiente pregunta, “¿Cómo debemos entonces vivir?” en su libro con el mismo título. La importancia de esa pregunta no ha cambiado. Mas bien ha llegado a ser aún más urgente para los creyentes en el amanecer de un nuevo siglo y milenio.
La sociedad se ha arrojado de cabeza al mal que es cada vez peor, depravación, violencia, y la corrupción, y fuera de la iglesia, el paisaje parece lleno de “bárbaros modernos”. La tentación es grande para que los creyentes salten a la batalla cultural, como reformadores sociopolíticos autosuficientes y moralizadores condescendientes. Todo el tiempo, estos activistas cristianos con estilo propio, se olvidan o no hacen caso de su misión verdadera en el mundo y no dan con la respuesta a la pregunta de Schaeffer - pregunta que la Palabra de Dios nos explica claramente.
Por muy noble que el deseo de reformar la sociedad puede parecer, y por muy agitadas que puedan estar las emociones cuando se involucra en una causa política “justa”, esas actividades no deben ser las prioridades supremas del cristiano. Dios no llama la iglesia para influenciar la cultura, promoviendo legislaciones y mandatos judiciales para promover puntos de vista de las Escrituras. Tampoco va permitir cualquier tipo de activismo radical, para evitar nuestras obligaciones de pagar impuesto, desobedecer o quitar personeros del gobierno con los que no estemos de acuerdo, o que pasemos muchísimo tiempo haciendo campañas para los llamados candidatos cristianos.
La iglesia realmente cambiará a la sociedad para mejor, recién, cuando los creyentes individualmente se preocupan principalmente de su madurez espiritual, que significa vivir de manera que honremos a Dios guardando sus mandamientos, glorificando su santo nombre. Tal preocupación intrínsecamente incluye un simiento firme en las Escrituras, y una comprensión clara que su mandato primario a nosotros es conocer a Cristo y proclamar su evangelio. Una actitud santa sumada con una vida santa, hace que el mensaje de salvación del evangelio sea creíble para el inconverso. Si afirmamos que somos salvos, pero todavía demostramos actitudes orgullosas y sin amor hacia el perdido, entonces nuestra predicación y enseñanza - por muy ortodoxa que sea nuestra doctrina o políticamente correcta o persuasiva - serán ignoradas o rechazadas.
El Nuevo Testamento es muy claro en cuanto a como debiéramos abrazar y vivir nuestra misión principal en una sociedad pagan. Un ejemplo como ese, está en Tito 3:
„Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra. Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres“.(vv. 1-2)
Note que Pablo simplemente siguió el modelo del Señor y no perdió tiempo y energía indicando a los creyentes en como reformar la idolatría, inmoralidad y practicas corruptas de la cultura pagana. El apóstol, tampoco llamó a los creyentes a ejercer algún tipo de revuelta para protestar contra la leyes injustas y crueles castigos del imperio romano. En lugar de eso, su apelación era que los cristianos proclamaran el evangelio y vivieran vidas que dieran clara evidencia de su poder transformador.
Créalo o no, los cristianos tienen obligaciones en la sociedad pagana. Cuando usted vive de la manera que Dios quiere en una cultura inconversa, el Espíritu Santo usa su vida para atraer al pecador, mitigando su actitud hacia Dios (1ª Pedro 2:12).
Sumisión y obediencia
Los primeros dos deberes - sumisión al gobierno y la obediencia a toda la autoridad humana, yo los he combinado bajo un título, dado que estan tan intimamente relacionados. Son sólo un recordatorio más, que los cristianos tienen ciertos requisitos de actitud y conducta referente a sus líderes seculares. Esos recordatorios reiteran la idea que los creyentes no estan exentos de leyes civiles y de directrices, a menos que tales órdenes contradigan la palabra y la voluntad de Dios (véase Hechos 4:18 - 20; 5:40 - 42). Este doble llamado, también nos indica la premisa escritural, de la cual todas nuestras otras acciones públicas debieran fluir.
Disposición para buenas obras
Nuestra tercera tarea mas importante con la sociedad, es nuestra disposición “para toda buena obra”. Aquí el apóstol Pablo no se está refiriendo a una mínima, renuente solidaridad a hacer lo que ya sabemos que es correcto, sino mas bien a tener buena voluntad y a una preparación sincera del corazón para hacer buenas obras a todos según tengamos la oportunidad. No importa cuan antagónica sea la gente que nos rodea, nosostros debemos ser siervos amables hacia ellos, cuando sus vidas entren en contacto con la nuestra. “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.” (Gálatas 6:10).
Dios quiere que seamos reconocidos por lo que podríamos llamar “bondad constante y agresiva”, buenas obras hechas por amor al Señor y amor hacia los demás.
Respetuosos en el hablar
A continuación tenemos, el deber según las Escrituras de no difamar, calumniar a nadie, ni siquiera aquellos inconversos que son completamente antagónicos a los estándares bíblicos. Tito 3:2 comienza con el mandato de Pablo “de no difamar a nadie,” y se está refiriendo a maldecir, a insultar, y a tratar con desprecio. De hecho el término griego rendido “calumnia” es del cual derivamos la palabra blasfemia. Nunca podemos utilizar tal discurso con un motivo justo.
Es triste que muchos creyentes hablan sin respeto de políticos y de otras figuras públicas. Cuando hacen eso, manifiestan una cierta indiferencia con respecto a su responsabilidad hacia las autoridades, y obstaculizan realmente el plan redentor de Dios. En otras de las cartas pastorales de Pablo, él nos llama a orar por salvación para todos, incluso para aquellos que ocupan posiciones oficiales de autoridad (1ª Timoteo 2:1 - 4).
Pacífico y apacible
Pablo continua en el versículo 2, mencionando dos deberes cristianos mas. Primero, él nos recuerda que debemos ser amistosos y pacíficos con los perdidos, no beligerante y conflictivos. En el mundo postmoderno y alejado de Dios en el que vivimos, es fácil condenar aquellos que contribuyen al fatalismo cultural, y menospreciarlos como pecadores corruptos que nunca cambiarán. ¿Si el amor de Dios para el mundo fue tan amplio e intenso que su Hijo murió por una multitud de pecadores (Juan 3:16), ¿Cómo podemos nosotros que hemos recibido una gracia redentora como esa, ser duros y ásperos con aquellos que aún no la han recibido? Hasta que Dios se haya agradado de salvar a un individuo, el o ella se comportarán como un inconversos, y es incorrecto que nosotros, entre tanto, tratarles despectivamente por actuar según su naturaleza.
En segundo lugar, Pablo nos recuerda que debemos ser “amables”, una palabra que en el Griego significa justos, moderados, y pacientes hacia los demás. Algunos han traducido este término “razonablemente dulce,” una definición que denotaba una actitud que no guarda envidia, mas bien les da el beneficio de la duda.
Consideración por los demás
El deber final en la lista de recordatorios de Pablo a los creyentes, es que deben ser “mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres” (vv2). La palabra entregando “consideración” tiene siempre un significado del Nuevo Testamento, de una genuina preocupación por los demás.
Las Escrituras describen claramente a Jesús como supremamente caracterizado por la humildad, o la consideración por tdos - los mismos rasgos que debieran identificar a sus seguidores. “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;" (Mateo 11:29).
Todos nuestros tratos con inconversos deben exhibir esa clase de actitud, tal como también lo escribió el apóstol Pedro: “sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros;" (1ª Pedro 3:15). La consideración sincera, de corazón hacia todos los hombres es el fundamento para nuestro caminar cristiano en una sociedad pagan.
Nuestro deber al relacionarnos con una cultura sin Dios y cada vez más secular, no es hacer lobby por ciertos derechos, o la puesta en práctica de una agenda cristiana, o la reforma del gobierno. Mas bien, Dios nos tendría recordando continuamente las instrucciones de Pablo a Tito, y vivirlas de tal manera que busquemos demostrar que su poder y gracia pueden regenerar a los pecadores. Cambiando los corazones de las personas, uno a la vez, es la única manera de lograr un cambio significativo y duradero en nuestras comunidades, nuestra nación, e incluso en todo el mundo.
Adaptado de “Por qué el gobierno no puede salvarle” © 2000 de John MacArthur. Todos los derechos reservados. Viernes 25 de agosto de 2006
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