lunes, 12 de abril de 2010

¿Escogidos o sólo llamados? 1ªparte

¿Escogidos o sólo llamados?
Mt. 22:14 (Mt. 20:16b)



Todo parte de las famosas palabras de nuestro Señor y Dios, Jesucristo el Rey de gloria, cuando dijo: “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos”. Esta afirmación que hizo el Señor, aparece dos veces en Mateo, después de dos parábolas muy distintas, pero que al igual se refieren al reino de los cielos y donde hay un llamado.

Muchos serán llamados. No dice que todos serán llamados. Esto es muy cierto, ya que es una realidad, el hecho de que no todos han escuchado el evangelio después de la muerte, resurrección y ascensión del Señor Jesucristo. Por lo tanto, el Señor se está refiriendo a aquellos que si lo han escuchado y por lo tanto de una u otra forma han sido llamados / invitados, como se traduce del griego “kletos”, al reino de Dios. Este llamado o invitación, como lo ilustra la parábola en Mt. 22:1-15, ha salido por todo el mundo y hoy prácticamente todos han escuchado alguna vez la invitación, que no es otra cosa que el Evangelio de Jesucristo. Nosotros en el mundo occidental, definitivamente no tenemos excusa, ya que lo hemos escuchado varias veces y de las formas mas variadas.

Estas simples palabras, encierran una de las verdades más “aterradoras”, por decir lo menos. “Muchos son llamados, y pocos escogidos.” Esta es la parte aterradora, que serán pocos escogidos. ¿Por qué serán pocos? Porque serán pocos los que responderán al llamado de la forma en que Dios lo establece. Los escogidos, son aquellos, tal como lo dice la parábola que antecede esta afirmación, que obedecieron al llamado. Que obedecieron al evangelio que escucharon. Son aquellos que respondieron positivamente. Son aquellos que realmente decidieron hacer lo que está escrito en la palabra de nuestro único Señor y Dios, Jesucristo, el Cordero que pudo vencer.

Por esto es tan importante, si somos parte de una iglesia, detenernos en esta afirmación, para estar verdaderamente seguros que somos escogidos.

Pero, ¿Cómo sabremos que somos escogidos? ¿Cómo podemos estar 100% seguros que somos escogidos y que tenemos vida eterna?

Lamentablemente muchos se confían de ciertos pasajes bíblicos y ciertas obras en sus vidas para creer esto. Ya sea porque asisten a alguna congregación evangélica o cristiana que dice ser una iglesia, o porque en algún momento hicieron una oración recibiendo a Jesús en sus corazones y entonces alguien (generalmente un “Pastor”) les dijo que eran salvos y se bautizaron, o porque asisten a reuniones de oración y estudios bíblicos y participan de todos los eventos evangelísticos, otros porque creen en Jesucristo y se saben varios versículos de memoria, otros porque son diáconos, maestros, lideres o pastores, etc.

Ud. dirá, Pastor, pero si uno confiesa que Jesús es el Señor, y cree que Dios le resucitó de entre los muertos, entonces uno es salvo. Eso no es todo. Eso podría considerarse como el comienzo si Ud. quiere. Para saber si somos verdaderamente salvos, debemos examinarnos constantemente para ver si estamos en la fe, como lo exhorta el apóstol Pablo en 2ªCo. 13:5, y el apóstol Pedro en 2ªPe. 1:10.

Para darles una manito, les indicaré tres textos que fueron dichos por Jesús mismo, que nos indican si somos verdaderamente escogidos de Dios. Estas características demuestran a un verdadero escogido, que es un cristiano que ha sido salvado por la gracia de Dios, que ha sido justificado y regenerado por la misericordia de Dios. Recuerde siempre que la salvación es un acto sobrenatural de Dios, algo que nadie merecía, ya que no hay méritos en el ser humano para ser considerados dignos de aquella gracia y misericordia.

3 textos

Primeramente, el Señor al final del famosos sermón de monte, hace una advertencia, que es aún mas aterradora que el texto que vimos al comienzo, cuando dijo: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. (Mt. 7:21)

Creo que el Señor no pudo ser más claro y directo. Incluso lo que Él dice a continuación es aún más aterrador. No voy a entrar a explicar este texto en detalle, sólo rescataré dos cosas, que no basta con confesar con tu boca que Jesucristo es el Señor, sino que para entrar en el reino de los cielos, hay un requisito, que es, hacer la voluntad del Padre que está en los cielos. ¿Sabe Ud. con absoluta certeza cual es la voluntad del Padre que está en los cielos? ¿Podría Ud. hacer un resumen de la voluntad de Dios y cómo llegó a esa conclusión? Esto lo veremos la próxima vez, en la segunda parte.

Segundo, Jesús en su conversación con la mujer samaritana en el capítulo 4 de Juan, declara otra verdad que nos da una pauta de cuales serán los escogidos cuando dice: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.” (Jn. 4:23)

El Padre busca ciertos adoradores, no cualquier adorador, los que lo hacen de una forma específica, “en espíritu y en verdad”. Esto hay que entenderlo y comprenderlo bien. Pero quiero aclarar que Dios en realidad no está buscando de la forma en que nosotros buscamos algo, ya que Él sabe de antemano quienes le adorarán de esa manera. Este “buscar” es para que nosotros entendamos lo que Dios espera, desea o anhela de sus hijos.

Tercero es el texto que la verdadera iglesia del Dios viviente debiera tener muy claro, cuando el Señor le dice a Juan que le escriba a la Iglesia de Filadelfia en Apocalipsis 3, diciendo: “porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra, y no has negado mi nombre. (y al final del vv. 9 dice)…y reconozcan que yo te he amado. Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero,” (Ap. 3:8-10)

¿Por qué amo a esta iglesia y no la reprendió llamándola al arrepentimiento como a las demás? Porque guardó su palabra. Esto es algo sumamente importante de entender y practicar. Guardar su palabra solo es posible si uno la conoce. No podemos guardar algo que no conocemos. Entonces, sólo aquellos que leen y estudian la Biblia podrán guardar la palabra de Jesucristo, y serán por consecuencia los verdaderos escogidos de Dios.

Reflexión

Ninguno de los tres textos está escrito en forma de mandamientos. Las tres veces Jesús lo dice en forma de una afirmación, indicando indirectamente las características de un escogido de Dios. Esto nos debe hacer reflexionar y analizar, si estas particularidades son claramente nuestro anhelo mas profundo y si las estamos practicando.

Estos tres textos también tienen otra cosa en común, y es que en los tres textos, el Señor Jesucristo se está refiriendo a un conocimiento muy específico. Para hacer la voluntad del Padre, tenemos que conocer integralmente al Padre. Para poder adorar en espíritu y verdad, necesitamos conocer plenamente a nuestro Señor y Dios, y para guardar su palabra, como ya lo mencioné, nos es necesario conocer exhaustivamente a Jesucristo. Por lo tanto, ¿cómo conoceremos a Jesucristo quién es nuestro Señor y Dios? Sólo si permanecemos en su palabra.

Además, para poder hacer una reflexión y auto-examinación para ver si estamos en la fe, necesitaremos también, ser conocedores de la palabra, ya que sólo por medio de ella podremos examinarnos a nosotros mismos.

Si no conocemos profundamente a Jesucristo nuestro Señor y Dios, no podremos hacer nada de lo anterior, ya que no seremos verdaderamente sus discípulos, en otras palabras, no somos sus escogidos.

Considerando lo anterior, podemos decir que para poder saber si somos escogidos de Dios, necesitaremos hacer la voluntad del Padre, ser verdaderos adoradores en espíritu y en verdad, guardando su palabra por sobre todas las cosas. Para hacer lo anterior entonces, nos es necesario estudiar las Sagradas Escrituras, que no son otra cosa que la palabra de Jesucristo, quién es el Verbo encarnado.

Lo cual nos lleva a sólo Cristo, sólo Escrituras, sólo fe.

Obediencia

Si tuviésemos que resumir en una palabra todo lo anterior, tendríamos que decir: “obediencia”. Pero una obediencia específica, la obediencia en temor al Dios de la Biblia. Esto el Señor lo explicó con la más absoluta claridad en todas sus enseñanzas. La obediencia en temor, es el punto central de nuestra respuesta al llamado que hemos recibido. Esta obediencia no puede ser un mero acto de cumplimiento que se puede aprender, como lo es la obediencia militar, deportista, del estudio, etc., sino que debe ser una respuesta de amor (en forma de acción), por todo lo que Dios hizo por nosotros. Recordemos siempre que nada es por nuestra fuerza, sino que todo es por la gracia sublime que es derramada en la vida de los que creen y obedecen.

Escuche bien esto: la obediencia en temor que expresamos hacia Dios, motivados por la gratitud, amor y adoración hacia Dios, por lo que Él hizo por nosotros en la cruz, cuando derramó toda su ira sobre su Hijo unigénito, para así satisfacer su justicia, para que podamos ser perdonados de nuestros pecados y justificados, será siempre la respuesta mas clara de que hemos sido escogidos.

Cuando tengamos ese deseo incontrolable de estar sumergidos en las cosas del Señor, cuando nuestra vida esté girando en torno a Cristo (sólo Cristo) y nuestra mente esté ocupada con la palabra de Dios (sólo Escrituras), entonces estaremos demostrando (sólo fe), que ciertamente tenemos hambre del Señor, lo cual nos llevará a permanecer en su palabra, lo cual nos hará verdaderos discípulos, y conoceremos su verdad, la cual nos hará libres como dice en Jn. 8:31.

Santos, estamos frente a una verdad que es real y muy seria. No hemos sido llamados a participar de algo temporal, terrenal o humano. El evangelio no es un tema más a tratar o algo pasajero. El llamado a participar en el reino de los cielos es lo mas extraordinario que nos pudo haber sucedido. No hay nada que se pueda comparar ni igualar.

Este llamado es muy serio. Es algo sumamente delicado, que requiere toda nuestra atención. No podemos caer en el error de creer que por una simple profesión de fe, estamos al otro lado. Por eso las palabras del Señor nos deben inquietar, “pocos son escogidos”. Eso nos debe llevar a una reflexión profunda, para ver si estamos respondiendo en obediencia y temor, de acuerdo a “cómo y lo” que Dios estableció.

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