lunes, 12 de abril de 2010

¿Escogidos o sólo llamados? 2ªparte

La Voluntad del Padre

Lo primero es hacer la voluntad de Dios. “…de mi Padre que está en los cielos”, como lo dijo Jesucristo. La voluntad del Padre tiene muchas facetas, pero siempre será para glorificarle. Esto significa que todo nuestro ser estará involucrado y otros lo notarán de una u otra manera.

En 1ªTes. 4:3 tenemos la respuesta mas concisa: “Porque ésta es la voluntad de Dios, vuestra santificación;” También lo vemos en Rom. 12:1, donde se enfatiza la santidad. Santidad es separarse para Dios. Es separarse de todo lo que Dios aborrece, abomina, detesta, odia. Es apartarse del mundo como lo dice en 1ªJn. 2:15-17. Tenemos que ser sólo para Él.

Cuando uno se entrega en cuerpo, alma y espíritu a Dios, está haciendo su voluntad, porque se ha separado para Él. Esto requiere de una entrega total, conciente, con una pasión verdadera, porque tú le amas, adoras y te gozas en Dios. No somos llamados a la “santificación” intencional por mero mandato como lo hace un militar o un deportista.

Una clara manifestación de santificación, es el negarse a si mismo, tomar su cruz cada día y seguir a Jesucristo en obediencia. Eso es separarse para Dios. Al negarme a mi mismo por amor a Dios, por lo maravillado que estoy de Él, por lo grandioso y extraordinario que es mi Señor, estoy respondiendo al Espíritu Santo.

Esto también esta íntimamente relacionado con el morir, el perder la vida, aborrecer esta vida, como lo dice en Mt. 16:24-25 y en Jn. 12:25. Como dice Pablo (Gal. 2:20): “…Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mi.” Esta declaración nos enseña lo que debe ser nuestra meta en la santificación, en el apartarnos para Dios. Es algo total que debemos procurar constantemente, aunque sea en forma paulatina. Se deben ver resultados. Cada vez debemos buscar menos el satisfacer nuestros “deseos” de la carne, de los ojos, y nuestra vanagloria (1ª Jn. 2:15-17). Mas bien se debe manifestar un incremento cada vez más notorio de un anhelo por glorificar a Dios en todos los ámbitos de nuestras vidas.

Por otra parte, la voluntad del Padre que está en los cielos, también es que llevemos mucho fruto como dice en Jn. 15:8, ya que estaremos glorificando al Padre y de eso se trata todo esto. Todo es para la gloria y honra del Padre, de Dios. Sólo si realmente estamos glorificando a Dios, estaremos realmente haciendo la voluntad del Padre que está en los cielos.

El Señor Jesucristo fue nuestro mejor ejemplo. Él siempre estuvo en la más absoluta obediencia al Padre. Jesús fue santo siempre en todo. Es por esto que somos llamados a seguir en sus pisadas, siendo santos como el es Santo. Todo lo que hizo en el mundo, fue para la gloria del Padre.

Apartarse, como ya lo vimos es ser santos, requiere de un esfuerzo muy grande, porque estamos enredados en las cosas del mundo. Por eso Dios le dijo a Josué, que debía esforzarse y ser valiente. Necesitamos tener ese mismo sentir en nuestras vidas. Será necesario estar dispuestos a sufrir, a ser menospreciados, a dejar de lado todo aquello que no es agradable a Dios (escuche bien) “pero que tanto nos gustaba hacer.”

Será necesario cambiar nuestra manera de pensar y poner nuestra mirada en el autor y consumador de la fe, y dejar de deleitarnos con las cosas del mundo. Ser verdaderamente santos será algo muy difícil, pero todo aquel que lo busque y desee, anhelándolo todo el tiempo, será recompensado, ya que estará haciendo la voluntad del Padre que está en los cielos.

Cuando esta santidad comience a tomar forma en nosotros, sin darnos cuenta comenzaremos a llevar fruto de justicia. Este fruto se irá multiplicando de a poco, hasta que llevemos mucho fruto y nuestro Padre que está en los cielos, será entonces glorificado. Esto es finalmente el objetivo supremo, que Dios sea glorificado, que su santo nombre sea glorificado. Entonces estaremos haciendo su santa voluntad.

Por supuesto el ser santos también incluye el vivir por fe. No podremos nunca llevar fruto de justicia si no vivimos por fe, ya que como está escrito, el justo por fe vivirá. Entonces si vivo por fe, soy justo, y por consecuencia podré llevar frutos de justicia. Nuestra fe puesta por obras como lo dice Santiago, será nuestra respuesta de obediencia al Padre, que sólo será posible si nos apartamos concientemente para Dios.

Todo aquel que hace la voluntad del Padre que está en los cielos, es un escogido. Toda la voluntad del Padre, se podría resumir en que amemos a su Hijo Jesucristo, adorándole y obedeciéndole, invocándole y siguiéndole. Y este es el verdadero amor hacia Jesucristo, que guardemos su palabra. (Jn. 14:23). Y todo lo podemos nuevamente resumir en la palabra “obediencia”. ¿Estás siendo obediente a Dios? Si es así, eres un escogido de Dios.

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