En espíritu y en verdad
El Padre tales adoradores busca, anhela, desea, quiere. Él los está buscando hasta hoy, y lo seguirá haciendo. Adoradores que lo hagan de una forma específica, no de cualquier manera o como ellos creen que es correcto. ¿Ud. entiende este texto? ¿Sabe si es un verdadero adorador? ¿Está adorando en espíritu y en verdad?
Hay muchos pasajes que leemos y repetimos en nuestras conversaciones sin saber realmente lo que estamos diciendo, o mas bien creyendo que sabemos a lo que se refiere. Este pasaje es uno de esos pasajes cliché, que mencionamos en nuestras conversaciones, pero me pregunto ¿Cuántos saben lo que realmente significa adorar en espíritu y en verdad?
Para poder entender bien, debemos entender bien cada una de estas tres palabras, adorar, espíritu y verdad.
ADORAR
Primero veremos lo que es adorar. Este término, al igual que la palabra amor, tiene varias aplicaciones. Se puede adorar a un ídolo, a un niño, a un animal, a un objeto, etc. Esto está relacionado con lo que nos produce algún tipo de placer u admiración cautivadora, y está profundamente relacionado con nuestro egoísmo, auto satisfacción, y por lo tanto es idolatría. Esto Dios lo aborrece y lo condena enfáticamente.
En cambio el adorar, que en el griego es “proskuneó”, significa postrarse con la cara en el suelo en reverencia, en homenaje, como besando los pies. Esto lamentablemente se practica mucho hoy en día hacia otros seres humanos, Papas, reyes, sacerdotes, padrinos de la mafia, y dioses falsos, especialmente en el oriente. Tristemente ellos se postran ante un dios falso. Nosotros que conocemos al Dios verdadero, no nos postramos de esa forma. No inclinamos nuestro cuerpo hasta tocar el suelo con nuestro rostro.
El Señor da en este pasaje una indicación muy específica con respecto a los adoradores que busca el Padre, que no se vuelve a repetir en ninguna otra parte de la Biblia. Estos adoradores serán los que lo hagan en espíritu y verdad. Así como esta dicho aquí no lo volvemos a leer en ninguna otra parte.
Por lo tanto, ¿cómo lo podemos entender entonces? ¿Cómo lo explica entonces la palabra de Jesucristo?
Lo primero que es necesario decir, es que “el Espíritu es el que da testimonio; porque el Espíritu es la verdad.” De aquí parte todo. Es el mismo Espíritu Santo que mora en nosotros el que da testimonio de Jesucristo, glorificándole en todo y en todo tiempo, porque Él es la verdad. Aquí esta la combinación en la cual se debe basar nuestra adoración.
Antes de explicar esta combinación, es importante recalcar que es en espíritu Y en verdad. No hay separación en esto. Esta forma de adorar es una combinación equilibrada de ambas cosas, el espíritu de nosotros en combinación con la verdad del evangelio de Dios, en obediencia y temor.
Adorar para nosotros los cristianos, es algo integral es glorificar a Dios con todo nuestro ser. Con eso me refiero a que se debe manifestar en todas las áreas de nuestra vida, por medio de la obediencia a todo lo que Jesucristo nos mandó que hiciésemos. Por lo tanto un cristiano está adorando continuamente, en todo lugar y tiempo.
Sin embargo, existe una ocasión especial en la que la iglesia del Dios viviente se reúne para adorarle específicamente, y sólo a eso. Esta instancia es en el culto de adoración en el día del Señor (para los cristianos el día domingo, por la resurrección). Ese momento tiene un énfasis especial y también debiera ser revisado atentamente para ver si lo estamos haciendo para Dios o para nosotros mismos.
Por lo tanto para que realmente adoremos en espíritu y en verdad, tendremos que combinar nuestro conocimiento de la palabra de Dios, que no es otra cosa que conocer profundamente a nuestro Señor y Dios, que vuelvo a repetir es Jesucristo, quién es la palabra misma, el verbo encarnado, con lo que siente nuestro espíritu hacia Jesucristo nuestro Señor y Dios. Sólo entonces podremos verdaderamente adorar como Dios lo “busca”.
ESPÍRITU y VERDAD
Dios sabe bien que habrá muchos que le adorarán como ellos quieren, a su manera. Esto es principalmente por dos razones. Una porque no saben a quién están adorando (no conocen la verdad). A lo mas tienen un conocimiento religioso de Jesucristo, o porque simplemente se dejan llevar por sus emociones e intelecto, o porque se sienten bien alabando y cantando. La adoración que se dice que es en espíritu, es lo que hoy en día está pasando en muchas congregaciones donde se cae en una leve exageración, por decir lo menos, con manifestaciones y expresiones que se alejan radicalmente de lo que dice la palabra de Dios.
Nuestro espíritu se goza en Dios y necesita expresarse. En 1ª Co. 6:17 Pablo nos dice: “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.” Cuando nuestro espíritu es estimulado por el Espíritu Santo, es porque hay una conexión. Esta conexión es producto de una combinación equilibrada de nuestros sentimientos hacia Dios, admiración, asombro, gratitud, amor, y nuestro razonamiento, intelecto, que tiene conocimiento de Dios. ¿Se fija? No podemos separar la verdad de lo espiritual.
Hoy en día la adoración se manifiesta principalmente por medio de la alabanza. Un culto de adoración se caracteriza cada vez mas por la cantidad de alabanzas que se cantan en el, lo cual es un error. La alabanza es importante, ya que es probablemente la manera más clara de la expresión de nuestro espíritu, sobre todo cuando es bíblica. Con esto me refiero, a que los textos cantados se ajusten a, y expresen, lo que dice la palabra de nuestro Señor Jesucristo. Cuando es así, entonces incluimos la verdad en la combinación que mencionaba anteriormente. Esta alabanza también debe ser como dice en Col. 3:16, “…cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.” Ya que como está escrito en 1ªCo. 6:20: “…glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
Esto lamentablemente se ha ido distorsionando cada vez mas, ya que engañados “…por medio de filosofías y vanas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo”, y “….llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error” (Co. 2:8; Ef. 4:14), hoy se ha infiltrado el mundo en la iglesia, especialmente en la alabanza, alejándonos de lo que dice la palabra, bajo miles de excusas como: “hay que entender a los perdidos”, “es para alcanzar a la juventud”, “los tiempos han cambiado”, no podemos seguir tan enchapados a la antigua”, “no somos fundamentalistas”, etc. Todo completamente contrario a lo que dice en Stgo. 4:4 “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.”
Un adorador que lo hace en espíritu y en verdad, siempre estará combinando ambas cosas. La alabanza con la palabra, porque está conciente a quién esta adorando y por qué le esta adorando. Por eso un culto de adoración, como los que regularmente se realizan los días del Señor, presentan varias etapas y expresiones, en las que se da testimonio, se ora, se leen pasajes de la Biblia, se canta, se expone la palabra, etc., pero todo es únicamente para la gloria de nuestro Señor y Dios, para exaltarle, enaltecerle, honrarle, glorificarle. Porque finalmente de eso se trata toda nuestra vida cristiana. Glorificar a Dios. Lo haremos aquí y por toda la eternidad.
Cuando esto último no se considera en un culto de adoración, caemos justamente en el error de hacer las cosas para nuestro provecho, para que nos sintamos bien, para que nos edifiquemos, para que nosotros seamos mejores hijos de Dios, para que seamos fortalecidos para la semana que comienza. Esto, hoy, cada vez mas caracteriza tristemente el culto de adoración que debiéramos estar rindiendo cada domingo a nuestro amado Señor Jesucristo. Todo centrado en los hombres con la excusa de que es para Dios.
Entonces, adorar en espíritu y en verdad, se puede resumir en la expresión integral de nuestra admiración y gozo por nuestro Señor y Dios, ya sea cantando o exponiendo lo que Él es, la verdad, por medio de nuestro espíritu en conexión con el Espíritu de Dios.
¿Se fija? Ahora conoce la diferencia entre la adoración de los hombres y la que el Padre que está en los cielos busca. ¿Es Ud. un escogido? ¿Está Ud. adorando concientemente en espíritu y en verdad?
Guardando su Palabra
De los tres textos que estamos analizando, este es el que resume todos los anteriores. Al final de todo, sólo aquellos que realmente hacen esto, que guardan la palabra de Jesucristo, son los que verdaderamente le aman como dice claramente en Jn. 14:23, son sus verdaderos discípulos como dice en Jn. 8:31, son los que el Señor ama, dado que por el hecho de permanecer en la palabra, están directamente haciendo la voluntad del Padre que está en los cielos, y por ende estarán adorando en espíritu y en verdad. En otras palabras, son los escogidos.
Guardar la palabra lo pueden hacer obviamente sólo aquellos de la conocen. Por lo tanto si Ud. no se está alimentando regularmente de la palabra, de la Biblia, de la boca de Dios, de la carne y sangre de Jesucristo, del Señor mismo, entonces puede que sea un estudioso de doctrina, o de teología, o de cualquier cosa que puede ser útil, pero que al final sólo le dará conocimientos periféricos de la verdadera palabra de Jesucristo.
Lamentablemente lo que dijo el Señor cuando dio la gran comisión en Mateo, id y haced discípulos, está tan distorsionado, por falta de conocer al que lo dijo, que hoy hay toda clase de discipulados que usan todo tipo de literatura, y algo de la Biblia.
Por eso cuando alguien me preguntó si era bueno hacer un discipulado usando los textos de una cierta casa editorial y de un autor muy conocido, le respondí, que antes de hacer ese tipo de discipulado, primero los que quieran participar debieran al menos ser capaces de explicar en forma de un resumen lo que dice el evangelio de Juan, y lo que dice Colosenses, y lo que dice Romanos, y lo que dice Efesios, y lo que dicen las epístolas de Pedro y Juan. Si pueden hacer esto, entonces estarán preparados, para que cuando abran uno de esos textos escritos por hombres no inspirados por el Espíritu Santo, puedan discernir si están en la palabra, o si son meras interpretaciones personales, llenos de errores doctrinales.
El mayor problema que enfrentan los cristianos hoy en día, es lo que justamente advierte el Espíritu Santo por medio de los autores del Nuevo Testamento (Col. 2:4; 2:8; Ro. 16:18; Ef. 4:14; 1ª Ti. 6:20). Hoy, en los últimos 100 años, hemos sido invadidos por una cantidad de literatura “así llamada cristiana”, que deja mucho que desear. Todos quieren aportar, y hay muchos que lo hacen muy bien y sirven para complementar el estudio de la Biblia. Pero los cristianos, y especialmente los maestros y pastores, se han olvidado de lo que dice la misma palabra de Dios, “Toda Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2ªTim. 3:16-17)
La Biblia es suficiente. Un cristiano no necesita otro texto. Los demás textos, como ya lo dije, sirven para complementar o auxiliar el estudio serio de la Biblia. Con la Biblia, el cristiano tiene todo lo que necesita. Se puede ir a cualquier parte del mundo, y todo lo que el cristiano necesita esta en la Biblia. La Biblia es suficiente y punto. Eso se ha ido olvidando, lo que trajo por consecuencia la falta de conocimiento de la verdad.
Eso es lo que el Señor le advierte a la iglesia de Laodicea. A esta iglesia pertenecen una gran parte de las congregaciones evangélicas actuales. Estas se consideran prósperas, que saben lo que están haciendo, muy exitosas, atraen un número cada vez mas grande de adeptos, se multiplican y hacen muchos discipulados, pero el Señor les dice: “…y no conoces que tú eres un desventurado, y miserable, y pobre, y ciego, y desnudo. Yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para que seas cubierto, y no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas.” (Ap. 3:17-18)
¿Cómo podremos guardar la palabra de Jesucristo? Sólo si permanecemos en ella. Si realmente nos alimentamos por medio de la Biblia. Por esto es necesario que sea algo que hagamos regularmente. La ignorancia de la palabra de Dios, es el peor enemigo del cristiano. Al no saber bien lo que está escrito en sus páginas, muchos cristianos terminan haciendo algo parecido a lo que debieran estar haciendo, y son arrastrados a la desobediencia y el pecado, sufriendo la dolorosa disciplina de Dios, quién por amor azota a todo aquel que ama.
La ignorancia de la palabra tiene duras consecuencias y conlleva mucho sufrimiento. Por eso es primordial que los pastores y maestros recuerden lo que está escrito en Efesios 4:12-16. La grey tiene que ser alimentada con la palabra y no con todo lo demás. Cuando esté fuerte, la grey, entonces podrán discernir otras cosas, y no serán engañados.
Guardar la palabra de Jesucristo, significa por otra parte practicar todo y sólo lo que en ella esta escrito. Esto es otra falencia que se ha ido permeando, infiltrando entre los creyentes y teólogos y pastores y otros que dicen ser cristianos. La palabra es una y para siempre la misma, ya que el Señor es el mismo ayer, hoy, y para siempre. Lamentablemente, el hombre influenciado por la sociología, las filosofías, la psicología, el humanismo, la ciencia, las teologías y otras cosas, se ha tomado la libertad de hacer ajustes que no podemos encontrar en las Escrituras. Por eso hoy casi no se practica la disciplina bíblica, hay mujeres pastores, cualquiera puede predicar en los cultos, el divorcio es aceptado, la convivencia es tolerada, los niños son enseñados en la escuela dominical y no por sus padres, los jóvenes se visten igual que los del mundo, etc. Volvemos a lo de la iglesia de Laodicea, una iglesia tibia.
En otras palabras no hay discernimiento. No podemos distinguir quién es y quién no es un cristiano. Todos son bienvenidos, con lo cual se han llenado las congregaciones con falsos convertidos, con cizaña, que no hace otra cosa que debilitar a los verdaderos cristianos.
Guardar su palabra es hacer las cosas a la manera que Dios lo estableció, sin modificaciones, sin ajustes, sin acepciones y sin las tan nefastas interpretaciones.
Si no esta escrito, no lo haga.
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