La decisión más importante
3ª Parte
3ª Parte
Vimos entonces el tema de los dos tipos de puertas a las que se refiere Jesús.
Ahora veamos los dos caminos que se mencionan en estos versículos.
13 Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella;
14 porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.
Si se fijan en ambos versículos, el Señor hace un énfasis en las puertas mas que en los caminos. Pero sin embargo deja muy en claro la diferencia entre los dos caminos. El camino espacioso, lleva a la perdición. Eso no es difícil de entender. Perdición es sinónimo de infierno, muerte eterna, algo totalmente horrendo.
Y lo contrario sería el camino angosto que lleva a la vida, con eso se refiere a la vida eterna, que es la verdadera vida. Esta vida aquí en la tierra, es pasajera y nada mas que la antesala a lo que será la verdadera vida por toda la eternidad.
Tal como lo dice en el Sal. 1:6, “Porque Jehová conoce el camino de los justos; mas la senda de los malos perecerá.” Estas puertas llevan a dos caminos muy diferentes.
Este camino angosto está en directa proporción con la puerta estrecha. Eso significa que será tan difícil el uno como la otra. Si ya vimos que tendremos aflicción para entrar por la puerta angosta, el camino angosto será igualmente agonizante. Esto es sumamente necesario que lo entendamos como verdaderos discípulos de Jesucristo, para que no seamos confundidos cuando vengan las tribulaciones y angustias y aflicciones de las que habla Jesús y el resto del Nuevo Testamento, especialmente la 1ª carta de Pedro.
Pero para poder tener discernimiento, es necesario que entendamos bien que el camino ancho o espacioso, es el que el mundo sigue. Aquí no hay restricciones, puedes traer todo tu equipaje, e incluso puedes adquirir mas en el camino si quieres. Todo el equipaje con tu orgullo, soberbia, auto-justificación y auto-gratificación, no necesitas tener temor de Dios, la obediencia está restringida a mandamientos humanos según cada religión, pero tampoco será absolutamente necesario cumplir con todo. Es el camino de la tolerancia y del ecumenismo, sin compromisos ni responsabilidades. Lo que tú quieras, como tú quieras y cuando tú quieras. Lo importante es que te sientas bien y seas lo mas feliz posible aquí en la tierra, mientras vas por el camino cómodo y espacioso hasta llegar al cielo.
Si esa es una realidad. Todos llegarán al cielo un día. TODOS. Eso es importante que se entienda muy bien. Todos llegarán al cielo, a la misma presencia de Jesucristo. No habrá ni un solo ser humano, ya sea que haya muerto o que aún esté vivo cuando regrese el Señor, que no se vaya al cielo. Todos lo harán, ya que es ahí donde los verdaderos cristianos serán recibidos con los brazos abiertos por el Señor Jesucristo, y es allí mismo donde está la entrada al infierno. Así es. Como lo dijo John Bunyam: “La entrada al infierno está en el cielo”. Eso fue lo que dijo el Señor: “Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos.” (Lc. 13:28) Allí, refiriéndose al cielo, ya que estarán viendo a los santos y justos, pero las puertas habrán sido cerradas. Desde allí serán enviados por toda una eternidad al infierno.
Hermanos/as, entiendan bien, no es posible que una persona haya sido rescatada que es lo mismo que salvada, haya sido justificada y luego regenerada, con el solo hecho de haber añadido a Jesús a sus vidas. Creer en Cristo mientras sigue con sus actividades carnales, fiestas con exageraciones, chistes morbosos, películas con escenas sexuales, violencia y blasfemia, afanados por sus quehaceres, idolatrando ya sea a su familia, a sus hijos, al deporte, a su trabajo u estudio, etc.
Una persona que realmente ha sido rescatada, justificada y regenerada, que en otras palabras ha nacido de nuevo del agua y del Espíritu, manifestará cambios que se notan y se irán notando cada vez más. ¿Por qué? Porque habrá sido transformada. Habrá habido una “metamorfosis”, como está escrito, las cosas viejas pasaron, todas son hechas nuevas. Una nueva criatura es nacida. Dios hará esto, como lo dice en Ezequiel 36:25-27, “Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.”
Esto nos debe hacer reflexionar. ¿Están sucediendo cosas en nuestras vidas que evidencien cambios notorios con respecto a nuestra antigua vida? ¿Estás tú experimentando este camino angosto agonizante, donde cada día rogando al Señor, implorando por ayuda y fortaleza, te estás despojando de todo tu equipaje, estás odiando el pecado de tal manera que con sólo escucharlo te produce asco?
Porque recuerden que el camino espacioso es agradable, donde creo en Jesús a mi manera, donde puedo amar a mi prójimo, ser tolerante con los que creen en otras religiones, donde leo la Biblia cuando tengo tiempo, donde voy a misa o al culto cuando me siento bien o no haga mucho frío o calor. Este camino espacioso, pos cierto presenta algunas dificultades, como el tener que cumplir por lo menos una o dos vez al mes con lo que Dios quiere (mas bien lo que la iglesia dice), donde tengo que ir a los estudios, donde tengo que ir a orar, sino que van a decir de mi los hermanos y el Pastor. Donde tengo que hacer algunas cosas para que no me reten.
Es el camino donde tengo que hacer cosas para Dios. Otra dificultad del camino ancho y espacioso, es que tengo que aguantar algunos hermanos, tengo incluso que perdonarlos. En otras palabras, tengo que hacer todas esas cosas que dice la palabra, pero que en realidad me cargan. Pero no todo es tan atroz en el camino espacioso, ya que puedo llevar todo mi equipaje y eso me hace sentir feliz.
Lo importante, y esto es algo que Satanás ha enfatizado en su doctrina embustera, lo importante cuando sigas este camino ancho y cómodo, es que creas en Jesucristo, que creas en Dios. Y si no estás totalmente de acuerdo, entonces cree en otro dios. Cualquiera de los que se conocen, y si no se te ocurre ninguno, entonces inventa el tuyo propio. Pero tienes que creer en alguien o algo, aunque sea la evolución o la nueva era.
Escuche bien, si su vida en Cristo es llena de comodidad y placeres, felicidad y sin contratiempos, si su vida como discípulo/a es sin sobresaltos, ya sea en su trabajo, en su hogar, ya sea en su vecindario, ya sea en la vida en general, escuche bien, “por causa del evangelio y Jesucristo”, entonces algo no anda bien. Examínate para ver si estas en la fe.
Pero otra parte, si estás sufriendo y tienes luchas, si la estás pasando mal ya sea con tu familia o las personas que te rodean, si estas siendo perseguido/a o te están dejando de lado, por como tu eres, por tu carácter, por tu personalidad o por tus actitudes y no por Cristo, entonces algo anda seriamente mal. Examínate para ver si estás en la fe.
Porque el camino angosto, que mejor se traduce como comprimido, tan angosto como una huella con un precipicio a ambos lados, que si quitas la mira en las cosas de arriba como dice en Colosenses 3:1-2, y la pones en las cosas de la tierra, te caerás y sufrirás grande daño. Este camino angosto que está lleno de dificultades y sufrimiento “por causa” de aquel que por ti murió, es posible caminarlo sólo por dos razones.
Primero porque Cristo prometió que su yugo es fácil y ligera su carga. Eso significa que el lleva una parte del yugo, y segundo su carga, sus mandamientos son ligeros, livianos, ya que todos tienen una promesa, básicamente que Él mismo nos dará toda la fuerza necesaria para sobrellevar la carga.
Por eso el Señor mismo fue clarito cuando dijo: “Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo”. Y para terminar su discurso lo completa con: “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.” (Lc. 14:25-27; 33) Jesús no anduvo con rodeos. Vaya que puso la vara en alto.
Como dice John MacArthur. “pruebe decir esto la próxima vez que evangelices o hagas un llamado del púlpito. A ver cuantos vendrán a los pies del Señor”. Pero los que vengan serán los verdaderos, los que se han humillado y arrepentido, los que reconocen que nada son sin Jesucristo, que están dispuestos a dejarlo todo sin cuestionarlo, los que tienen hambre y sed por la palabra del Señor, que no pueden estar sin orar, porque dependen del Padre como un niño lo hace de los suyos.
Pero, ¿por qué tanto énfasis en todo esto? Porque se trata de vida o de muerte. Se trata de la verdad y del error. Se trata de estar seguro/a que estás en el camino correcto, en el angosto, se trata de que estés seguro/a que hayas entrado por la puerta angosta, estrecha, que te estés esforzando por entrar y que lo logres, ya que el Señor dijo algo terrible que le iba a suceder a aquellos que se equivocaban, y lo dijo con dos ejemplos.
En Lucas 13:25-28 “Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. Entonces comenzaréis a decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad. Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos.”
Lo mismo cuando dijo. “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” (Mt. 7:21-23)
Ponga atención. El Señor le estába hablando a creyentes. A personas que eran religiosas. Hoy, a cristianos que creían serlo pero que nunca se examinaron. No les estaba hablando a ateos o agnósticos. Por eso que les hablo hoy a Uds., a los que creen en Jesús. Nosotros tenemos que examinarnos para estar seguros que estamos en la fe.
Se da cuenta lo serio de este asunto. Creo que Jesús mismo fue lo suficientemente enfático cuando está terminando el sermón del monte. No da espacio para error. Y para terminar, tenemos dos tipos de cantidades de personas que van por uno u el otro camino.
Por uno van muchos. Eso tú ahora lo entiendes por qué es así. Muchos son los llamados, muchos son los que prefieren el camino ancho y espacioso. ¿Por qué? Porque es fácil y no es excluyente. Hay espacio para todos. Se puede ir en grupos grandes, no hay restricciones. Se pasa súper bien. Pero es camino de perdición. Da lo mismo lo que ellos crean. El Señor así lo dijo.
Pocos son escogidos. Pocos son los que hallan la puerta angosta, pocos son los que logran entrar por ella. Pocos son los que están dispuestos a despojarse de todo. Pocos son los que le creen a Jesucristo, por lo que son pocos los que están dispuestos a vivir por fe. Punto. Pocos serán rescatados, justificados y regenerados.
¿Estas preparado/a para vivir sólo por fe? ¿Estás preparado/a para despojarte de todo? ¿Recuerdas el título de este sermón?
“La decisión más importante”
¿Qué decidirás hoy?
¿Cuál puerta y cual camino?
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